La obra de Christian Frei y la ética en el arte
Dentro de la teoría del arte, siempre está latente la duda acerca de la funcionalidad como parte de las cualidades de una obra artística. No está claro si el carácter utilitario es inherente a la creación como especie de consecuencia involuntaria, aún cuando esta se conciba totalmente ajena a ánimos serviles.
Sin embargo, sí es claro y demostrable que muchas obras se gestan con una deliberada intención de servicio. Podría calificar con toda certeza en este grupo, aquel arte denominado comúnmente “de denuncia”, ese que pretende exponer una situación desigual o injusta con el fin de comunicarlo a otros y enterar del asunto al espectador.
¿Es el arte “de denuncia” solamente una vía de expiación que limpia conciencias individuales o más bien es un modo de señalar los defectos ajenos en el tanto los artistas se auto proclaman inocentes?
El cineasta suizo Christian Frei relata el conflicto entre el gobierno talibán y la UNESCO que llevó finalmente en el año 2001 a la destrucción de los Budas de Bāmiyān en Afganistán. Aquellas monumentales estatuas de 30 y 50 metros de alto, esculpidas en la montaña, quedaron reducidas a escombros ante la intransigencia del gobierno local.
Se alegaban razones de carácter religioso y social que impedían conservarlas, justificando su deseo de abatirlas bajo el rigor iconoclasta islámico. Por su parte, la UNESCO clamaba por la preservación de una obra milenaria de incalculable valor histórico. Con la irremediable destrucción se exacerbaron los ánimos de quienes promueven la conservación de los patrimonios culturales. Propios y ajenos, calificaron la acción talibana como extremista y fanática.
Es aquí donde en “Giant buddhas” (documental, 2005), empiezan a sobresalir las verdaderas implicaciones del hecho. El relato no se limita a describir la indiscutible pérdida material que supone la destrucción de monumentos de varios siglos de existencia. Detrás de la lucha, mezcla de poder y ego, tras el conflicto cultural entre los talibanes y los defensores de los budas, paralelamente Frei describe la miseria de los afganos víctimas de la guerra.
Para el autor, el verdadero dilema, ajeno a la política o la religión, es el de carácter ético. Nunca se pone en duda lo valioso de obras arquitectónicas tan antiguas y su importancia dentro de la memoria histórica. Sin embargo, se plantea la interrogante sobre la posición del arte dentro de una jerarquía de prioridades. Cuando se observa la indignación de la UNESCO por la indiferencia talibana hacia la grandeza del propio patrimonio, esta no se diferencia en casi nada a la indiferencia que la UNESCO tiene para quienes viven cerca de ese patrimonio y pareciera están por debajo de él.
Mientras arqueólogos e historiadores llegan posteriormente a la montaña a ocuparse de la reconstrucción de las estatuas, desafortunados afganos están únicamente concentrados en la llana supervivencia. Al tiempo que un orgulloso amante de la herencia budista rescata de la árida tierra pequeños tesoros enterrados por el tiempo, un puñado de hombres ruegan por un trabajo de ayudante de excavador con el fin de sobrellevar su desesperante pobreza y la escasez de agua o víveres.
Otra obra anterior de Frei, War photographer (documental, 2001), semblanza del fotógrafo James Nachtwey, se ocupó de representar el complicado dilema del artista ante escabrosos temas como la indigencia o los desastres materiales y humanos de la guerra. Como fotógrafo y periodista, Nachtwey debe sumergirse de lleno en el motivo y las acciones de la imagen y este se pregunta si su deber se limita a cumplir con el trabajo de recopilar información para una revista, o bien, trascender su labor e involucrarse con el sujeto de sus fotografías.
¿Es una responsabilidad ineludible de los autores sumergirse en aquello que con legítimo interés reclaman o le atañe únicamente al espectador?
A través del trabajo de un hombre dedicado a documentar la injusticia social, Frei cuestiona si es lícito participar de esa desgracia en virtud de ayudar o si por el contrario, el lograr conmovedoras fotos no necesariamente significa una participación plena del autor en su tema.
Ambos documentales esbozan preocupaciones válidas en el contexto del tan indiscriminadamente utilizado arte “de denuncia”, ese que inunda galerías y hasta gana prestigiosos premios. Giant buddhas expone con agudeza la esterilidad de la simple indignación y War photographer destaca las implicaciones y el compromiso latentes en la delicada misión de representar la injusticia. Sendos dilemas morales resaltan interrogantes que surgen en un arte que deliberadamente se gesta para cumplir una función y por lo tanto, podría exigir algún tipo de efectividad.
Pero ¿cómo se miden sus alcances? ¿Es el arte “de denuncia” solamente una vía de expiación que limpia conciencias individuales o más bien es un modo de señalar los defectos ajenos en el tanto los artistas se auto proclaman inocentes? ¿Es una responsabilidad ineludible de los autores sumergirse en aquello que con legítimo interés reclaman o le atañe únicamente al espectador?
Ciertamente, la denuncia es una acusación revestida de una discutible valentía que se lanza sin necesariamente esperar respuesta, y así, es válido preguntarse si esta popular forma de arte tiene algún tipo de repercusión más allá de su espacio y de su elite.
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Lachi es Nien Mei Lee, grabadora de la UCR.
Su correo es pruebadeartista@yahoo.com
Si blog es pruebadeartista.blogspot.com y para 89dB es una satisfacción de la gran puta poder compartir con ustedes su talento.
Escribe rico, escribe bien, y escribe interesante.
Háganla suya. Seguirá por aquí esperamos por mucho tiempo.
Oh!
Lachi del foro de Cinemania!
Excelente articulo.
Mi "mouse" correrá a conseguir esos documentales.
Lachi,
El artículo, además de estar muy bien escrito por supuesto, trae el dilema ético de los documentales y se lo lanza en la cara al lector.
Brillante la verdad. Espero que sigas escribiendo por acá.
Saludos,
Zed.
Hace un par de años pasaron por cable Fotógrafo de Guerra!!
Súper recomendado.
Muchas gracias.
Tema interesante que me parece muy cercano a una de las tantas cosas que nos hacen humanos, el poder ignorar el dolor ajeno.
Esos documentales de verdad que le tiran a uno la verdad en la cara y uno muchas veces no puede hacer otra cosa más que darle gracias al buen Bogo que no está pasando por eso.
Este fin de semana estaban dando un documental sobre una de las tantas guerras que se dan en África de las cuales o no nos damos cuenta o preferimos ignorar. Los relatos son inimaginables y de hecho hay escenas en las que se ven soldados rebeldes ejecutando personas en la calle, me vino a la cabeza el como es que uno puede ir en un carro cámara en mano filmar eso y no sentirse mal? Es eso posible? Puede uno seguir viviendo igual?
Me parece que solo algunos pocos deciden no ignorar esas situaciones y ser parte de la solución, por otro lado creo que el ser humano actual con la gran cantidad de información que le llega en estos días ha tenido que generar un sentimiento de apatía más grande de lo normal para tan solo poder lidiar con el día a día.
Está interesante!! y creo que a propósito de el artículo.
http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2007/595/1174777207.html
"El artista no es responsable del horror... Y no puede dejar de hacer su oficio: registrarlo." Sergio Ramirez
http://www.nacion.com/ancora/2006/septiembre/10/ancora6.html
http://mx.youtube.com/watch?v=CIh7CEBYlzA&feature=related
PD.
que toque! aqui en el brete me acaban de bloquear 89decibeles...!!!