Costa Rica es especial.
Maria José Castillo es por estos días el personaje más relevante del país. “¡Costa Rica tiene su ídolo pop!”. Locura, emoción, empatía, solidaridad, entretenimiento, hermandad, patriotismo. Todo lo ha desatado su estela.
Como es natural con cualquier tema de relevancia y actualidad, la efervescencia genera debate, genera distintas posiciones, genera encuentros y desencuentros. Los unos, lamentan que el tiempo y dinero de los costarricenses esté siendo invertido en los bolsillos de Sony, los otros, lamentan que aquellos no lo vean como sano y normal entretenimiento: ¡El pueblo necesita circo!
Circo el fútbol, circo Grey’s Anatomy, circo Bailando por un Sueño, circo 89decibeles y circo el chisme de la vecina. Vale, necesitamos entretenimiento, necesitamos opio, distracciones, porque para preocupaciones ya está la vida y lo cotidiano, y eso siempre puede esperar.
¿Pero necesitamos el absurdo? ¿Dónde trazamos un límite? El viernes pasado el gobierno firmó un decreto en donde se establece que la participación de Maria José en Latin American Idol es de interés cultural para Costa Rica. Ese mismo día Oscar Arias donó ¢1.000.000 para el envío de mensajes pro ídolo costarricense.
Paralelamente, la ministra de cultura (a quien persigo hace semanas solicitándole el mismo reconocimiento a 89dB) anunció que una vez que la tica vuelva, el Teatro Nacional se rendirá a sus pies. El magno escenario famoso por ignorar a lo mejor de su tierra, hoy se prepara para celebrar a la adolescente (última responsable del papelón) merced al decreto que dice reconocer “la creatividad y el desarrollo de la música costarricense”. ¿Perdón?
¿Alguien más nota la abierta falta de respeto para con la gente que tiene años pulseándola componiendo e interpretando temas originales y realmente costarricenses?
El Ministerio de Cultura ha hecho el ridículo. Vuelta en U (en una estupenda nota publicada hoy por David Castillo) ha hecho bien hoy día en denunciar un ejemplo clarísimo: Humberto Vargas ganó en Viña del Mar interpretando música costarricense y original, y no estuvo ni cerca de recibir semejante respaldo.
Entendemos la noción de popularidad y comprendemos todos los sentimientos que este reality show le despierta a los ticos. No pretendemos cambiar el mundo, y definitivamente nada tenemos en contra de una chica que quiere hacer su sueño realidad. Pero al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios, decía Don Rodrigo.
Esta movida es lamentable, oportunista, y descarada. Si el decreto ha hecho algo, es recordarnos cual es el verdadero compromiso artístico que tiene el gobierno, que ignora e insulta a quienes sí están creando música original.
Pero no pasa nada.
Por que Costa Rica es especial.
La Escafandra, Los Cuchillos y Señorita Maestra seguirán poniéndole a la organización de conciertos, y a la composición e interpretación de material original. Como tantos otros.
El Teatro Nacional solo se acordará de ellos cuando vaya a cobrarles impuestos por la realización de un evento artístico.
Porque a esa cita no faltan.
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