Guillermo Arriaga: el cazador que escribe

6 Enero 2010 - 12:00am

Ya lo dijo Fabián Bielinsky, director de aquella joya llamada Nueve Reinas: “¿Qué es el cine? Guión, guión y guión”. Así, con una sentencia casi draconiana, resumo todo lo que con este artículo quisiera expresar. Si de aquí en adelante usted, atento lector, decide retirarse, cuenta con mi venia; puede darse por entendido.

La introducción de rigor. El oficio de guionista ha sido, históricamente, uno de los más subestimados en la industria del cine, ambiente donde priva el reconocimiento hacia la labor de los actores y el director. ¿Quién no hizo zapping en la pasada entrega de los premios Oscar mientras Dustin Lance Black, condecorado en la categoría de Mejor Guión Original, lanzaba su disertación en favor del activista gay Harvey Milk? Apuesto que pocos.

Los guionistas son seres menos mediáticos, algunos incluso detractores confesos de los flashes, pero no por ello su trabajo debe ser, en ninguna medida, demeritado o desprovisto de atención. Y claro, es natural, desapegarnos de la imagen del escritor neurótico que habita apartado del mundo, entre manuscritos y fantasmas, resulta mucho más difícil que leer una nota en la Cosmo sobre la cantidad desmedida de kilos que perdió Keira Knightley en los últimos meses.

A pesar de ésto y por más conveniente que resulte hacer las veces de Perez Hilton en este mundo de falsas primeras impresiones (referencia gratuita a Chocolate Caliente para el Alma), hoy he decidido comentar los pormenores de un oficio que es, en mi criterio, igual o más apasionante que sus similares pero que por razones que escapan al propio entendimiento, no se nos ha revelado en las dimensiones que debería.

Primero, un poco de necesaria teoría.

Un guión cinematográfico es un texto, usualmente dotado de un formato particular, a través del cual se detalla el contenido de una película, ya sea en forma de acción o de diálogos y que tiene por fin servir de guía para el equipo técnico a la hora de realizar la misma. Si bien existen autores que defienden ciertas pautas, a la luz de la dramaturgia, en lo concerniente a la escritura de guiones, la experiencia ha comprobado que dicha actividad es un ejercicio que permite el uso de licencias creativas, improvisación y en algunos casos, ausencia total de forma.

Syd Field, laureado catedrático y seminarista, expone en su libro El Manual del Guionista, el paradigma que, en sus palabras, debería seguir todo escritor a la hora de plasmar en palabras su relato. La estructura es rígida: tres actos y dos puntos de giro. Pero… ¿y qué es toda esa jerga? El concepto de acto, proveniente del teatro, está asociado al crecimiento orgánico del drama; es un bloque de extensión arbitraria cuyo final destaca por la presencia de algún acontecimiento que hace a la historia avanzar. Dicho acontecimiento se hace llamar punto de giro.


Syd Field, el gurú del guión.

Chinatown, pieza escrita por Robert Towne y dirigida por el ahora infame Roman Polansky en 1974, es quizá el mejor ejemplo de la puesta en práctica del paradigma de Field. A pesar de lo acartonado de su estructura, la industria de Hollywood ha asumido un compromiso tácito con tal estilo, al punto de descartar, según aseveran algunos expertos, aquellos guiones que no lo satisfagan. Naturalmente, ha habido excepciones y la posición de si seguir los lineamientos del paradigma es una práctica recomendable, se ha puesto en entredicho en múltiples ocasiones.

Concluido el segmento del que a la larga muchos no salieron bien librados, me apresto a comentar, con toda la subjetividad que un texto de esta índole puede admitir, el trabajo de uno de los guionistas que más ha dado de qué hablar en los últimos diez años, latino por esos azares del destino pero habitante de un espacio más amplio y más hondo: el universo de la palabra escrita.

Si hubo alguien que metió el dedo en la llaga, ése fue Guillermo Arriaga. Y vaya que la hizo supurar.

El cazador que escribe. De no haberse convertido nunca en escritor, a Guillermo Arriaga Jordán le hubiese sobrado en qué emplearse. Fue boxeador, futbolista y aficionado empedernido de la caza, pasatiempo que aún hoy practica con frecuencia. Perdió el olfato a los trece años producto de una riña callejera. No bebe, no fuma y cada vez que tiene la oportunidad hace alarde de su preciado noctambulismo: Guillermo desconoce el bienestar de la jornada diurna, lo suyo son las madrugadas.

Siendo catedrático en la Universidad Iberoamericana conoció al entonces nobel realizador Alejandro González Iñárritu, con quien emprendió un viaje que acabó luego de seis años, tres filmes y un sinnúmero de premios y reconocimientos internacionales.

Amores Perros, primer libreto Arriaga, fue concebido originalmente como un conglomerado de historias ambientadas en la Ciudad de México. Sin embargo, luego de más de treinta reescrituras, el relato quedó acotado en tres distintos segmentos, cada uno con vida propia, pero unidos por un trágico acontecimiento. El resto, ustedes lo conocen. Una de las películas mexicanas más aclamadas de toda la historia (si no la más) y el estilo narrativo de Arriaga, característico por su carencia de linealidad, uno de los más imitados a largo y ancho del orbe, incluso, por… adivinen: él mismo.


Gael García Bernal es Octavio en Amores Perros.

Interludio con tintes desvergonzadamente personales.

Soy desde hace un tiempo, un par de años tal vez, lector asiduo de guiones cinematográficos (como si acaso me pagaran por hacerlo). Ha sido esa misma inclinación la que me ha llevado a leer y releer los guiones de las películas que más disfruto, incluida, desde luego, Amores Perros.

Ignorando, para nuestro deleite, la aparente comodidad de la prosa exigua, en Amores Perros es notable el esfuerzo del autor por dignificar su propio oficio, narrando con el mismo cuidado y la misma pericia que es posible apreciar hasta en la obra del más consagrado novelista. Arriaga es un tipo que se toma muy en serio: odia que le llamen guionista, ya que según él guionista es aquél que se dedica a confecionar guías turísticas y su labor, dista mucho de ello; prefiere, en cambio, el término anglosajón screenwriter, o simplemente escritor de cine.

A manera de ejemplo y lúdico capricho personal, me permito transcribir el extracto de una de mis escenas favoritas, la cual sucede durante los últimos treinta minutos del metraje, cuando el personaje de El Chivo (Emilio Echeverría), habiendo capturado por encargo a Luis (Jorge Salinas) intenta darle las pistas suficientes, humor negro de por medio, para que éste se entere del monto que pagaron por su muerte:

LUIS
¿Cuánto te pagó?

CHIVO
Cinco mil pesos.

LUIS
¿Cinco? ¿Cinco mil putos pesos?

CHIVO
Bueno y también me ragaló unos
boletos para el concierto
de los Rolling Stones.

Ahí está, latente, la vida que se trasiega como un abarrote. ¿Hará falta más explicación?

Todo el mundo viene a Hollywood. El éxito suscitado por Amores Perros despertó el interés de la productora Universal/Focus por el trabajo de la dupla Arriaga-González. Con un elenco de lujo, donde figuraban luminarias de la talla de Naomi Watts, Benicio del Toro y Sean Penn, comenzó el rodaje de 21 Gramos, película basada nuevamente en un texto de Arriaga.

La industria americana ama autofagocitarse y al parecer, no escatima en contagiar dicho sentimiento a cuanto nuevo talento se aparezca en sus dominios. 21 Gramos, lejos de ser un paso adelante, supuso una estancia bastante cómoda en el mismo estilo de narrativo propuesto con gran tino —y enorme cuota de sorpresa— en Amores Perros. Quizá el mayor pecado cometido por Memo fue querer enmarañar una historia a todas luces simple. Si a eso le sumamos las maravillas en la tecnología de edición, ¡listo! Un bodrio en pantalla gigante.


Por su papel en 21 Gramos, Benicio del Toro se adjudicó
su segunda nominación a los premios Oscar.

Guillermo Arriaga no sabe lo que es descanso y conociendo de antemano su abnegado carácter, tampoco creo que lo necesite. En 2005 se alía con Tommy Lee Jones para producir Los Tres Entierros de Melquiades Estrada, debut cinematográfico de éste último tras el lente. El producto final fue bastante agradable; un inquieto drama sobre la muerte de un inmigrante mexicano y el extenso periplo que emprende uno de sus amigos por dar cabal sepultura a sus restos. La historia se aparta de los convencionalismos y sin ser la última chupada del helado, otorgó a Arriaga los elementos necesarios para seguir activo en un ambiente que es agrio si no genera margen de utilidad. Además, el libreto de Los Tres Entierros le valió la Palma de Oro en Cannes, misma que le fue entregada en medio de una ovación de más de diez minutos. Halagador.


Fotograma de Los Tres Entierros de Melquiades Estrada.

El ocaso de una amistad. El rodaje de Babel, último filme de la trilogía de la muerte, caminó entre aguas pantanosas. Arriaga se mantuvo al margen del set de filmación, del que acostumbraba ser parte, y al mismo tiempo se comenzaron a desatar rumores sobre posibles rencillas entre el equipo de producción. Alejandro González alegó, tiempo después de estrenada la película y una vez roto cualquier lazo profesional con el guionista, que el deceso de su relación se debió a diferencias en el proceso creativo, del que Arriaga reclamaba más crédito. A fin de cuentas, los egos hicieron de la suya y hasta la fecha no se conoce intención alguna de las partes de realizar trabajo en conjunto.

En lo relativo al libreto (que es lo que en muy buena teoría debería ocuparnos), Babel me dejó un sabor agridulce. La acción, distribuida (de nuevo) en tres sub-tramas, transcurre de manera natural con el pasar de los minutos, logrando que uno como espectador se involucre en el drama de los personajes y se cuestione hacia dónde se dirige cada uno con sus actos. No obstante, esta vez el punto de confluencia entre las historias, por circunstancial que parezca, visto en perspectiva, raya en lo inverosímil; tanto, que apenas con leves modificaciones, a mi juicio la cinta pudo haberse convertido en tres exitosos cortometrajes.


La incomunicación es el tema recurrente en Babel.

Los últimos años. Después de Babel, el trabajo no cesó. Vino El Búfalo de la Noche, producción mexicana basada en una novela del mismo Arriaga y más recientemente The Burning Plain, su ópera prima como director, contando con el papel estelar de nada más y nada menos que Charlize Theron.

Ambos filmes para el olvido.


Antes de convertirse en guionista Guillermo Arriaga fue escritor. Y antes de ser escritor fue todo lo que quiso y necesitó para llegar ahí. Más allá de las formalidades, leerle es una experiencia de la que por nada podría yo renegar y a la que más bien, exhorto.

Literatura escrita con agallas por alguien que las tiene de sobra. Un hombre que supo a muy temprana edad que su vocación era contar historias y que haciéndolo, no sólo encontraría una forma viable de vivir, sino que entendería el mundo tal y como es. ¿Que sus ínfulas? ¡Al cuerno! Ya deseara yo ver todos los días un artista que defienda con tanta o más tenacidad su trabajo, aunque con ello se juegue su de por sí endeble credibilidad. Es una cuestión de actitud.

Concluyo citando una frase de él mismo, porque claro, lo dijo antes y mejor que yo: "Contando historias los seres humanos podemos festejar los más hondos dolores de la vida". A lo que agrego: dicho festejo siempre comienza en una hoja en blanco.

Para mí, el mejor guión de Arriaga es Melquiades Estrada.

Amores Perros me gustó más por lo visual y las actuaciones que por el guión. Y el segundo segmento, el de la actriz accidentada, me pareció terrible.

Pero de acuerdo con 21 Gramos. Qué película más horrible.

Yo, para ser honesto, no soy fanático de este tipo de complicadas narrativas en que se mezclan un montón de historias con decenas de personajes y que al final resulta que mágicamente todas estan interrelacionadas (porque vivimos en el mismo mundo!). A mucha gente le encantan pero yo prefiero las historias simples y bien contadas.

Con respecto al papel de los guionistas en el cine la discusión es interesesante porque, por ejemplo, la Nueva Ola francesa nació, en parte, como una reacción en contra de lo que se consideraba como un excesivo poder de los guionistas en el cine francés. De ahí que Truffaut formulara su famosa "teoría del auteur" (decirle teoría es demasiado, fue un artículo que el tipo escribió en una revista) que consistía en resaltar el papel del director por sobre todos los demás participantes en el proceso cinematografico.

La consecuencia natural de esta teoría era que el director, siendo el autor de la película, también debía ser el guionista. Lo que llevó a una serie de películas con guiones más libres, improvisados y menos literarios, escritos por personas acostumbrados a pensar en imágenes y no en palabras.

Entonces, por ejemplo, San Godard escribía un guión como de 40 páginas para que lo vieran los productores. Una vez que lo aprobaban, agarraba el guión y lo tiraba a la basura. A la hora de empezar la filmación, Godard no tenía guión. En la mañana, durante el desayuno, escribía las escenas de ese día. Y si no se le ocurría nada, no filmaban. Así de fácil. En una entrevista, él mismo admitía su aversión a escribir. Decía de que para él no tenía sentido escribir algo como "el tren llega a la estación en medio del bullicio ocasionado por los pasajeros que esperan ansiosos el subir al tren para blah blah" si simplemente podía llevar una cámara a una estación y filmar la llegada de un tren.

Algunos directores todavía le huyen al guión, probablemente los más prominentes vendrían a ser Wong Kar Wai y Terrence Malick (que si escribe guiones, solo que son completamente diferentes a la película final) y otros directores que actualmente identificamos con el auterismo cinematográfico.

Supongo que Arriaga, al volcarse ahora a la dirección, ya se convirtió en un auteur. Al igual que Charlie Kaufman. Sus disputas creativas con los directores que filman sus guiones (Arriaga con Inarritú y Kaufman con Clooney, por ejemplo) a lo mejor evidencian que Truffaut después de todo este tiempo sigue teniendo algo de razón: el director tiene el poder y le gusta sentirse el autor de "su" película.

Bonito artículo. Mi ignorancia en materia de guiones (pocos he leído, además de los escritos por el autor del propio artículo) no me deja comentar mucho. Sí puedo decir que como escritor (me refiero a sus novelas y sus cuentos)Arriaga me roba las palmas y me seguirá cautivando, aunque ya éste no sea su trabajo principal.

Guiño personal al autor:

*sonrisa cómplice*

DIsfruté el artículo. Soy de los que amo los guiones bien escritos, y también disfruto de leerlos. También pienso que la gran carencia del cine comercial (y por qué no, también el nacional) recae en el guión. Todo empieza por la palabra escrita.

Es interesante que Arriaga haya logrado un exitoso 'crossover' del género literario al género cinematográfico. Muchos escritores de prosa, por buenos que sean, no logran entender las diferencias entre estos oficios y muchos fallan miserablemente en el intento. (Un caso famoso fue el del escritor F. Scott Fitzgerald, quien intentó suerte en Hollywood luego de ser un consagrado escritor y fracasó de manera decepcionante).

Sin duda alguna, como menciona Cirdan, la rivalidad entre guionistas y directores no se hace esperar en las producciones cinematográficas.

Un "auteur" famoso -amado u odiado, pero famoso de todos modos- en el cine moderno es Tarantino, quien siempre escribe los guiones de las películas que dirige. De las dos películas que escribió para ser dirigidas por otros (True Romance por Tony Scott y Natural Born Killers por Oliver Stone), la segunda fue un soberano pleito entre él y el director asignado. Sobra decir que terminaron agarrados de los pelos hasta la fecha y no se cumplió la visión de ninguno.

Creo que el buen screenwriter (me gusta ese término más que el de 'guionista', bien Arriaga) que está dedicado a su oficio, es capaz de dejar ir su obra para que otro la interprete. Como el compositor que deja que otro arregle su sinfonía y dirija a los músicos.

El que no quiere soltar el churuco luego de haber escrito un guión y por encima se cree capaz de asumir la monumental tarea de dirigirlo hasta llevarlo a la pantalla, es más bien lo que en inglés común se conoce como 'filmmaker'. (Título que en español se traduce insípidamente como 'realizador').

Otro gran auteur moderno es Robert Rodriguez. El tipo es talentoso en múltiples áreas del séptimo arte (escribe, dirige, filma, edita, compone la música, produce), pero es, por sobre todo, un verdadero control freak. : )

Mike Leigh también es uno de esos directores que le arrugan la cara al guión. Para Secret and Lies, el tipo se limitó a escribir un argumento (con 10 páginas tuvo que haber sido suficiente) y durante el rodaje permitió que los actores improvisaran sus líneas. La película terminó siendo un rotundo éxito (mi favorita de esa época junto a Breaking the Waves de Lars von Trier) y de algún modo puso en jaque la forma hasta entonces jerárquica de hacer cine. Verdad sagrada como un templo: no todos son Leigh o Godard. Ellos son más bien una —y de las más agradecidas— excepciones.

Yo en lo particular no tengo nada contra las películas que carezcan de guión, siempre y cuando no se note demasiado en el producto final. Igual con la improvisación. Me pasó hace tiempo con el mumblecore. Veía dos o tres escenas y aquéllo parecía como tomado de una cámara de seguridad. No acabo de entender ese afán de los "nuevos realizadores" de querer filmarlo todo sin cuestionarse de previo si hay algún concepto visual o dramático qué transmitir.

El guión, más que un formalismo que exigen las productoras, es una herramienta; no es indispensable, cierto, pero son pocos los que pueden prescindir de ella y obtener resultados medianamente satisfactorios. Aparte, siempre es un gusto leer (y ver, aún más) una historia bien contada. Por ahí iba un poco la línea del artículo; valerme de Arriaga para celebrar esa tan particular forma de expresión (la literatura) y extrapolarla al dominio del cine, sin obviar que hay muchas otras disciplinas que —dichosamente— la complementan.

Antes de que lo olvide, un clip informativo. El portal electrónico IMSDb ofrece una amplia colección de guiones cinematográficos para leer en línea. Péguenle un vistazo, de pronto y les agrada.

Nota aclaratoria: el joven del pornoshop arriba mostrado no soy yo. Yo soy negro y mido metro cuarenta. Tampoco conozco al autor del post y a decir verdad, estoy considerando seriamente la posibilidad de extender una petición a los administradores para que lo expulsen del foro por atrevido e insolente.

Broma. Danny, sos un grande.

Sí, Mike Leigh es otro que no usa guión, pero, si no me equivoco, el tipo ensaya con sus actores por meses antes de realizar la película. Entonces al momento de empezar a filmar los actores han internalizado el personaje al máximo. Y no es el único que utiliza esa técnica.

A mí el mumblecore medio me agrada de vez en cuando. Algunas son agradables, otras son bien tediosas. Imagino que la idea detrás de esas películas es capturar un momento y un lugar en el tiempo más que otra cosa. Casi todos son filmados en New York (Brooklyn, generalmente) y los que colaboran son un grupo de amigos.

Pero sí, los guiones pueden ser hermosos. Lo único que les pido es que dejen a la película respirar. El cine es un medio principalmente visual, no es necesario encerrarlo en una estructura literaria demasiado rígida.

Buena Columna, nueve reinas Exito total, ahora humildemente comparto con uds que para el largometraje independiente que estrenare este año (luego de años de bretear Arduamente en el), utilice tecnicas similares (si se le pueden llamar asi) a las de Godard o Leigh, tanto que hasta el dia de hoy ninguno de los actores sabe que fue lo que hizo e interpreto realmente, (Claro algunos rodaron hace años y es comprensible, pero me refiero a los principales). En algunos la credibilidad de los mismos hacia mi se veia comprometida ya que como Director me cuestionaban el guion (el cual mantenia en imagenes en mi cabeza y solo recalcaba lo inmediatamente necesario con frases y emociones que luego de briefearselas a ellos cuales dejaba a ellos improvisar hasta llegar a la escena que me imagine).
Costo bastante, se filmo con dificultad ya que de los cuatro dias que dura uno de los relatos (que poseen 3 principales tipos de luz diferentes ¨en exteriores¨).
Tuve que coordinar con los 10+ actores (los cuales trabajan y/o estudian) quien podia a que hora y ya habiendo dia a dia verificando ese dato recopilar la info en mi mente de como estaba la emocion, el dialogo, el vestuario, camaras, etc de esa especifica escena con esos X actores que pudieron ese dia.

Espero cuando logre exhibirla algunos de uds que lean esto, maticen estas nuevas tendencias, les entretenga y los haga salirse de la realidad aunque sea por esas dos horas que dura el proyecto.

Yo entré a este artículo porque quería aprender. Jueputa que me fue bien.

Los comentarios son gran apoyo al tema, volveré para ver si continuan.

Redacté un parrafoso comentario respecto a cuan valioso me resultó el texto para darle razón renovada a asuntos que en los últimos meses han sufrido más vueltas que siempre en mi cabeza: el guión, la dirección, la dirección de actores.

El comentario lo guardé como borrador en mi blog y lo publicaré (luego de arreglos) cuando sí resulte conveniente; que será al momento de que subamos cierto proyecto final a algún tube.

¿Usted escribe guiones? ¿Algo así?
Cuente.

Gracias por publicar. Hágalo más.

Si era a mí al que te referías, sí, escribo guiones ocasionalmente. Bueno, guiones no, remedos, tampoco los quiero tanto como para considerar que son particularmente buenos. He escrito varios, ninguno ha pasado de 20 páginas; algunos los he reescrito hasta 4 veces, otros han permanecido en su versión original, a la espera de un golpe de inspiración (de esos que nunca ocurren) que los salve de su miseria.

Al principio intenté escribir historias con una fuerte cuota de "complejidad dramática" por llamarlo de algún modo, es decir, le daba más importancia a la estructura que al diseño de los personajes o a los diálogos. No duré mucho en ese trance. Pronto me di cuenta de que una de las cosas que más valoro como consumidor de cine es escuchar buenos diálogos y bueno, con esa consigna comencé a concentrarme en ellos, entender su función, pulirlos hasta que dejaran de sonar como salidos de un papel (cosa obvia) y comenzaran a ser "más reales" (cosa deseable). Fracasé olímpicamente. No es cualquiera el que sabe escribir una buena línea de diálogo. Lo sabrá Tarantino...

Luego vino la época minimalista (que es en la que supuestamente me encuentro) en la que me olvidé de las reglas y simplemente escribo de cualquier tema que se me venga a la mente, por más simple que parezca. Ahorita tengo un guión en proceso que va en esa dirección. Espero llegar a terminarlo, aunque sea el primer borrador, lo que conociéndome, puede que ocurra al cabo de la siguiente década (si es que no resulta cierta la profecía de los mayas).

Como persona aficionada a la escritura (no escritor) soy un chavalo muy indisciplinado y temperamental. Siempre pienso que lo que escribo es la peor basura del mundo y eso, como es de esperar, ha hecho mella en mi intención de crear más y mejores guiones. Sin embargo, y muy a pesar de todo lo anterior, confieso mi más profunda veneración hacia esa forma de lenguaje narrativo, que es a la postre, con la que más a gusto me he sentido y la que espero seguir desarrollando.

Entre otros temas y a manera de cierre porque ya me he extendido demasiado, ¡qué agradable saber que encontraste algo de provecho en el artículo! En dos platos, esa era la intención. El haber conocido de antemano tu trabajo como realizador hace que me sienta halagado por partida doble. Genial pues, de mi parte espero publicar de tanto en tanto, mientras La Musa así lo quiera y mis maltrechos hábitos no signifiquen oposición.

Saludos. thumbs up

Excelente artículo, exhuda admiración por el oficio de guionista, lo cual es admirable.

Si hay algo que nunca olvido es aquello que escribió Dwight Swain, acerca de que un personaje siempre debe tener potencial de climax. Yo creo que si uno como escritor de cine tiene la capacidad de dotar a sus personajes de este potencial ya va por el buen camino, sin tener que recurrir tanto a las florituras verbales o a la excesiva descripción de imágenes. Arriaga, creo yo, tiene algo de eso. Sus personajes tienen la capacidad de atravesar caminos vertiginosos hasta terminar en una explosión dramática.

Buena esa, don tequieroverde.

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Sí era a usted, don Alberto.

Ese proceso suyo creo que es natural, o al menos se repite en la evolución artística (o qué sé yo, pero me suena).

Así como se montan galerías de dibujos (trillones), de dibujos (también trillones, o más), cuentas con trabajos en vídeo, etc... ¡Qué bueno sería que esos guiones se publiquen un sitio personal!, o en un blog, o donde sean visibles para que los realizadores se antojen de hacerlos obra a/v. Quién sabe si le llegue a tocar la suerte de asegurarse los víveres gracias a los 24 cps. ¿Cuándo se exhiben los guionistas fuera de la pantallota?

Me apena parte de su último párrafo (en el comentario más reciente) porque si algo he omitido es el guión. Juepuña. Pero tiene que ver con la naturaleza de los proyectos y experimentos. Además del mal hábito.

Ya se me viene el primer corto y lo que me aterra es que el guión no sea valioso. Ya va a más de la 6ta versión, ya es otra cosa. A ver qué pasa, ojalá pase algo.

Es la segunda vez que leo este artículo. Me parece valiosísimo porque, precisamente por esa admiración que transpira el texto por el oficio del guionista, Alberto toca las fibras del misterio. El misterio del guión. Porque por más teorías, ejemplos, genios, éxitos y fracasos, sigue siendo un arte difuso y un camino resbaloso.

Este artículo tendría que ser de lectura obligatoria para todos los realizadores costarricenses.

Pero la razón verdadera de mi intervención es para hacer público mi deseo de que Alberto comparta esos guiones con alguien, no importa quién. El problema con las historias es que están hechas para otros. Sin público no existen, y ese detalle define los cimientos del proceso creativo en la escritura de guión, en la actuación y en la realización. Y como ante todo lo que importa en una historia es la verdad - por subjetiva que sea - nos da pánico. Porque nuestras verdades dan miedo. Yo tenía un profesor de actuación que nos recordaba diariamente que aquello que los actores buscan - emociones honestas, impulsos verdaderos, la verdad - es de lo que el resto de la humanidad huye. Hay gente, decía, que pasa una vida entera huyendo de lo que hoy buscamos aquí. Es tan cierto. Por eso da tanto miedo escribir. Actuar. Mostrar. Hacer cine y enseñarlo. Nos desnuda. Pero los pichazos y las decepciones calibran el ojo y afinan la pluma.

Así que adelante, y trate de no dejar esos guiones inconclusos. Dice Almodovar en Abrazos Rotos (que no me gustó), que las pelis hay que terminarlas aunque sea a ciegas. Los guiones también.

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